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Dile siempre que sí al momento presente

Cuando hay situaciones en nuestra vida que nos generan algún tipo de conflicto emocional, la tendencia natural del ser humano es activar los mecanismos de protección e huir de la escena, sino se puede física al menos mentalmente, negándonos por completo a experimentar las emociones que se suscitan producto de la situación.

Sin embargo a pesar de que nuestro cerebro puede ser muy sagaz para evadir las emociones desagradables, nuestra mente al contrario, se empeña en quedarse en el hecho, recordándolo constantemente. En psicología a esto se le llama efecto rebote; mientras más quiero evitar pensar en algo, más rápido este algo viene a mi mente. Nuestra mente es desobediente por naturaleza.

Es aquí entonces donde aparece el sufrimiento. Cuanta más resistencia le ponemos al pensamiento o a la emoción que llega convertida en frustración, rabia, miedo o cualquier otra que se esté presentando como consecuencia de un hecho determinado o una circunstancia en nuestra vida, más sufrimiento estamos generando. Dejaremos de sufrir en la medida en que nos permitamos experimentar y manejar el dolor.

Ese dolor puede ser un pensamiento que te genera malestar o una emoción o sensación física que te resulta insoportable o desagradable. Quizás un dolor físico o cualquier acontecimiento que te produce incomodidad.

Lo cierto es que mientras más intentamos no pensar, más pensamos y cuanto más nos resistimos a experimentar el dolor, más daño nos estamos haciendo. Un daño que más adelante aparecerá en forma de algo tan común como el exceso de estrés o algo peor como una enfermedad.

De este estado de negación se originan trastornos como la depresión. De esta resistencia a sentir nuestras emociones en un momento dado, es que se originan nuestras sombras. La sombra, un concepto introducido por Carl Jung y que pudiera describirse como esa mochila emocional, invisible, que cargamos a cuesta pero que tarde o temprano se hace visible para que la sanemos. Es allí cuando sobreviene la crisis o la enfermedad.

El cambio, el dolor, son parte de nuestra cotidianidad ya que vamos caminando por la vida y viendo al mundo, a través de nuestras expectativas, usando como filtro nuestras creencias. Por lo tanto todo aquello que no se adecue a nuestro patrón de pensamiento, chocará con nuestra visión de la vida y justo allí en esa brecha entre nuestras expectativas y la realidad, es que se origina el dolor.

No obstante es aquí donde debemos aplicar la inteligencia emocional, para no quedarnos enganchados en este proceso y evitar cederle espacio al sufrimiento o la victimización. A que el drama nos arrope y los pensamientos negativos nublen nuestra mente.Dile siempre que sí al momento presente

En mi afán por superar la depresión y mantenerla alejada de mi vida, he aprendido a valorar y a entender lo que significa estar en el momento presente con todos mis sentidos. En cuerpo y mente.

Apoyándome en prácticas como la meditación y el mindfulness, he comprendido que los pensamientos y las emociones “no se apartan” sino que se contemplan, una palabra que para nosotros los occidentales suena algo extraña y que según el diccionario significa mirar con interés, atención y detenimiento algo, de manera pasiva. Se trata entonces de contemplar nuestros pensamientos y emociones con amabilidad.

Intentando no evitarla, no apartarla ni tampoco suprimirla. Al hacerlo de esta manera estás permitiendo que la emoción evolucione en el tiempo, dándote el espacio para ver qué sucede realmente con ella. No te conviertes en su presa ni en su rehén ya que estás plenamente consciente de que ella está ahí. Por lo tanto tampoco habrá chance de que te tome desprevenido más adelante.

Cuando te detienes a contemplar la emoción, sin reaccionar soltando lo primero que cruce por tu mente, respirando profundamente, tu cuerpo tampoco se somete al estrés innecesario que dicha emoción puede generarle y que provoca un alud de síntomas y malestares que muchas veces no podemos comprender pero que se deben a esa emoción que no fue procesada en su momento.

¿Cómo hacerlo?

Puedes respirar, centrarte en las sensaciones de tu cuerpo o en lo que está sucediendo a tu alrededor, o en cualquier cosa que te ancle al momento presente.

Los pensamientos regresarán, esa es su función. No te resistas ni pienses que la técnica no funciona. No te aferres a ese pensamiento que va y viene, tampoco te identifiques con su contenido.  La función de nuestra mente es pensar pero cada uno tiene el poder para decidir qué hacer con esos pensamientos.

Haz de esta práctica una constante y más temprano que tarde estarás convertido en maestro.

Glenda Travieso

Acerca de Glenda Travieso

Escritora, Coach Neurolingüístico y Motivadora experta en bienestar emocional.

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