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Entrevista a: Arianna Arteaga Quintero
Periodista, y autora del libro infantil “Guachipira va de viaje”.

BIOGRAFÍA 

Arianna es periodista, fotógrafa y viajera venezolana. Hace algunos años publicó una Guía Extrema con datos llenos de adrenalina para recorrer Venezuela y vendió más de 25 mil ejemplares. Tiene su propio blog www.lapequecomeflor.com, incursionó en la televisión con el programa “La Cocina de Babel” que duró solo una temporada. Realizó una serie de capítulos “Al Aire Libre” que se transmitieron por su canal de YouTube. Es profesora en la Escuela Foto Arte desde hace cinco años, donde realiza los Destinos Foto Arte y se va de viaje con un grupo para explorar paisajes y fotografía. Forma parte del equipo de 3 Travel Bloggers con quien recorre toda Latinoamérica y otras partes del mundo grabando capítulos viajeros.

Es la hija de Valentina Quintero, periodista y viajera reconocida en Venezuela. La consiguen en las redes como @arianuchis

ENTREVISTA

Fueron necesarios tres años desde que se sentó a escribir la historia hasta ver concretado este libro que es un viaje  en sí, una convicción, un grito de arraigo. “Guachipira va de viaje”, de Ediciones Ekaré, es el niño más pequeño de Arianna Arteaga Quintero, una alegría resumida en las ilustraciones de Stefano Di Cristofaro y en ese colibrí llamado Guachipira quien, con su mochila a cuestas, sale a hacer un viaje por Venezuela, por las raíces de su autora.

Viajas y relatas historias, haces fotografías. Lo que menos uno pensaría es que tu incursión en el mundo literario sería a través de un libro infantil, ¿cómo llegas a eso?

No he escrito un libro de relatos por cobarde e indisciplinada. Porque no he tenido una editorial detrás de mí presionándome con fechas, porque no me he sentado con calma a pensarlo, porque lo he dejado pasar. En una feria del libro a la que fui, me conseguí a la gente de Ekaré y me preguntaron, así de la nada, que cuándo era que iba a escribir un libro infantil sobre viajes. Eso me sorprendió, pero les tomé la palabra, me senté a escribir y les presenté mi historia. Aunque eso era muy distinto a todo lo que yo hago, entendí que mi pasión es relatar lo que yo veo y eso es Guachipira: un personaje que sale a recorrer el país y a través de ella, yo cuento cómo veo las cosas. Hacer algo como esto no formaba parte de mi proceso consciente y fue todo un reto. Siento que el arraigo debe comenzar desde que somos pequeños y me parece que Guachipira tiene el poder de crear ese arraigo en los niños, porque a ellos no les llego con mi trabajo normal.

¿Cómo viviste el proceso de comenzar a escribir la historia y luego, esperar tres años hasta verlo publicado?

¡Uff! Fue un primer año intenso en el que me caí a piñas con la historia. Había subestimado la literatura infantil y me di cuenta en ese momento que era algo muy serio, una responsabilidad enorme. Hubo momentos frustrantes, que quise tirar la toalla. Vienes del periodismo donde todo es más directo y no te da tiempo de respirar. Aquí los tiempos son más prolongados y todo se convierte en un inmenso aprendizaje y es bellísimo. En Ekaré fueron muy respetuosos conmigo, con mi historia, pero también muy duros e incisivos, algo que les agradezco porque si no, nada de esto hubiese quedado así. Fue un sube y baja emocional insólito, una subida de aprendizaje constante. Luego, lo demás, fue esperar, definir qué se ponía en ilustraciones y textos. La paciencia no es mi virtud y me tocó desprenderme de eso y fue una sorpresa ver todo lo que sucedió.

Guachipira es, en la historia y la vida real, tu abuelita. Pero en la primera versión de la historia -que tuve oportunidad de leer- tú decides que ese, tu personaje principal, se muere… ¿por qué esa decisión y que te hizo cambiar de parecer?

No me dijeron que no la podía matar, pero me sugirieron que no lo hiciera. Me preguntaron si estaba segura. Los finales tristes existen, pero son muy duros y es un reto muy grande tratar la muerte en un libro infantil. Me advirtieron que historias así eran las que menos se leían. No es el tipo de libro que busca la gente, quizá no sea el preferido de los niños. Pero que yo decidiera eso en un principio, tenía que ver más con mi psique que con algo que realmente aportara a la historia. Y sí, fue duro. Porque esa primera versión nace de las entrañas y es como una autobiografía. Mi abuela había tenido un accidente, perdió la memoria y esa abuelita con la que yo había vivido ya no recordaba, ya no existía. Ir de ese proceso interno a uno literario fue muy duro. Lloré, pataleé. No se me ocurría nada para continuar la historia y para eso Ekaré estuvo muy de la mano conmigo, supieron cómo guiarme.  Lo que pasa es que mi figura materna es mi abuelita. A mi mamá y a mí nos tocó crecer juntas y ella puede llegar a ser muy masculina en sus maneras. Cuando yo necesitaba tomar decisiones, acudía a mi mamá, pero cuando quería que me abrazaran, acudía a mi abuelita. Sin embargo, Guachipira es una fusión de ellas dos, porque los rasgos viajeros vienen absolutamente de mi mamá.

¿Tú mamá leyó el libro?

Sí, hace tiempo y lo adora. Ella tiene clarísimo de que nuestra relación es así. Ella sabe que yo busqué más a mi abuela cuando sentía que faltaban cosas y abrazos en mi casa. Y eso nunca fue un problema para mi mamá, todo lo contrario, siempre se sintió orgullosa de la relación que yo alcancé con sus papás.

Dices que Guachipira es una fusión de tu mamá y tu abuela, ¿pero qué tiene de ti misma?

Ella es un colibrí chiquito que sale a recorrer el país en un viaje muy personal. Me gusta que en las ilustraciones se vea mínima con su mochilita, porque así me siento yo en este mundo que es gigantesco, pero que tenemos la oportunidad de explorar. Me gusta que Guachipira habla con los árboles, con los monos, con las tortugas porque esa es la esencia del viajero, la de preguntar, la de hablar, la de observar. Es curiosa, viaja, se atreve. Y a mí lo que me mueve como ser humano es la curiosidad. Además, es chiquita y comeflor –porque es un colibrí- y así soy yo.

Siento que es muy chiquita, que se siente parte del todo, que tiene el afán de querer comunicarse con todo lo que se encuentra, que valora a la familia. Porque lo que pasa es Guachipira sale con su mochila a resolver un lío familiar. Y ahora que lo pienso, ahora que lo veo, creo que en eso nos parecemos, creo que esa es mi misión: salir, ver, cultivar mi arraigo, volver y contarlo todo para que a nadie se le olvide lo que somos.

¿Qué quieres que sientan los niños cuando lean “Guachipira va de viaje”?

Quiero que los niños les digan a sus papás que quieren hacer el viaje de Guachipira, que se les despierte esa curiosidad de querer salir a ver mundo. Que sepan que hay delfines en Mochima, que hay monos en el Delta y quieran ir a verlos. Que se asombren, que sueñen. Acabo de llegar del Delta y les leí el cuento a los niños, que no saben leer, y ver su emoción fue indescriptible, porque ellos estaban viendo el Delta, porque estaban los araguatos y ellos me hacían los sonidos. Pero también se emocionaban ver esos otros paisajes que no conocen. Conseguir eso me parece mágico.

 ¿Cuál es la parte que más te gusta del libro?

Me gusta cuando Guachipira regresa con el morral lleno de flores. Y esa parte fue muy bonita porque no me imaginaba las ilustraciones de ninguna manera. En algún momento nos reunieron a Stefano (el ilustrador) y a mí, pero solo para que le mostrara algunas fotos de mis viajes, porque al hacer este libro supe que el trabajo de uno no debe intervenir en el otro y resulta que Stefano construyó un universo maravilloso que se conjugó perfectamente con el mío. Cuando yo vi que él había dibujado a Guachipira tan chiquita y con una mochila guindada, morí de amor.

¿Por qué se llama Guachipira?

Mi primer gran viaje fuera de Venezuela fue a los 19 ó 20 años y recorrí la costa pacífica de México surfeando. Un día, estábamos en una playa y una niña chiquita estaba con su abuelo. Ella saltaba con mucha emoción de la silla de extensión a la arena y ponía una cara como si estuviera saltando un abismo; era emoción, susto, alegría, miedo. Era lindísima y justo antes de cada salto su abuelo le decía con el más mexicano de los tonos: “Avieeeéntate, Guachipiiiira”, y esa niña ¡zas! saltaba emocionada. Esa escena nos enternecía mucho. Desde ese momento, cada vez que íbamos a surfear y venía una gran ola que me tocaba a mí, los muchachos me decían “Avieeeéntate, Guachipiiiira” y eso se convirtió en mi grito de guerra durante el viaje; pero si te pones a ver, es como para siempre: porque es arriesgarte, es decir que lo intentes, que te avientes y luego ves.

FUENTE: https://queleer.com.ve/

Denisse Troconis Aoun

Acerca de Denisse Troconis Aoun

Fundadora de TuESTIMA. Consultora Marketing Digital. Asesora Motivacional. Mamá Bloguera. Emprendedora. Líder Proactivo. Amante de la superación personal. Coach Autoestima Infantil.

2 Comments

  1. Maravillosa y encantadora historia. Felicidades a Ariana, Denisee y a Guachipira. Me hicieron saltar las lagrimas de emocion!

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