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Haz de cada herida una perla

“Una ostra que no ha sido herida no puede producir perlas. Las perlas son producto del dolor, el resultado de la entrada de una sustancia extraña e indeseable al interior de la ostra, como un parásito o un grano de arena.

En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia lustrosa llamada nácar. Cuando un grano de arena penetra en la ostra, las células de nácar comienzan a trabajar y cubren el grano de arena con capas y capas y más capas de nácar para proteger el cuerpo indefenso de la ostra. Como resultado, se va formando una hermosa perla.

Una ostra que no haya sido herida de algún modo, no puede producir perlas… porque la perla es una herida cicatrizada.

¿Te has sentido lastimado por palabras hirientes?

¿Has sido acusado de haber dicho cosas que nunca dijiste?

¿Tus ideas fueron rechazadas o malinterpretadas?

¿O quizás fueron tomadas por alguien para presentarlas como propias?

¿Has sufrido golpes de los que adquieren ideas preconcebidas indebidamente?

¿Has sido objeto de la indiferencia?

Entonces, ¡produce una perla!

Cubre cada una de tus heridas con varias capas de amor.

Muchas personas solo aprenden a cultivar resentimientos, dejando sus heridas abiertas, alimentándose con sentimientos pobres, los cuales impiden que las lesiones cicatricen.

En la vida real, vemos muchas “ostras vacías”, no porque no hayan sido heridas, sino porque no han sabido perdonar, comprender y transformar el dolor en amor.

Vale la pena enfrentar las heridas.

No seas vencido por lo malo, sino vence con el bien el mal”.

No sé exactamente a quien atribuir el derecho de autor de esta reflexión pues han sido diversas las fuentes donde la he visto, lo cierto es que me encanta y su contenido me parece tan cargado de verdad que toca mi alma cada vez que la leo.

Y es que realmente creo que la vida se trata precisamente de eso, de hacer de cada experiencia un aprendizaje. De caernos, levantarnos, sacudirnos el polvo de las rodillas y continuar, de sanar nuestras heridas permitiendo que cada circunstancia nos transforme de afuera hacia adentro dejando que aflore nuestro verdadero Ser, nuestra perla interior, nuestra verdadera esencia. Vinimos a esta vida a aprender y a trascender el ego, por lo tanto cada experiencia y cada persona que llega a nuestro espacio es porque así lo hemos acordado antes de venir a esta aula llamada Tierra,  por lo tanto cada una de ellas tiene el potencial para transformarnos en mejores personas, si nosotros lo permitimos.

Cada situación que llega a nuestra vida tiene una razón de ser, un motivo, que dista mucho de ser un castigo como lo hemos creído, o como nos lo han hecho creer durante tanto tiempo las religiones, las culturas y las sociedades bajo las cuales hemos crecido y sobre las que nos hemos apoyado para interpretar y entender el mundo exterior. Por el contrario, al conectarnos con el verdadero sentido que dicha experiencia representa en nuestra vida permitimos que esta se convierta en una experiencia enriquecedora, que nos aporte sabiduría y nos ayude a avanzar en nuestro sendero espiritual, hacia la auténtica realización de nuestro Ser.

Pero ¿por qué nos cuesta tanto ver cada situación como lo que realmente es?… Como una oportunidad de aprendizaje. ¿Por qué dramatizamos todo lo que nos sucede en la vida y asumimos esta desde el papel de víctima?  La razón es que la mayoría de las veces estamos centrados en las necesidades de nuestro ego alterado. Estamos tan enfocados en el dolor y el sufrimiento que una situación nos produce, que nos lleva a pensar cosas como: “por qué a mí, por qué si yo soy tan bueno/a me sucede esto”, o “qué hice yo para merecer este castigo”, o “nadie me aprecia ni me valora”. Una de las más comunes: “qué mala suerte tengo, todo lo malo me sucede a mí”, o “las personas no son dignas de confianza”, o “a todo aquel que le entrego mi amor o mi cariño me decepciona”.

Haz de cada herida una perla

En fin, que todas estas frases son solo expresiones de nuestro ego herido empeñado en buscar siempre un responsable externo de todo cuanto nos sucede y que a toda costa intentará aplacar este sufrimiento buscando saciar su sed de felicidad en un ente externo, lo cual seguramente nos conducirá a que nos involucremos en otras situaciones, con otras personas que a la larga lo más probable es que traigan más dolor y decepción a nuestra vida, haciendo de esto un ciclo interminable hasta que nos hagamos conscientes de ello.

Si en cambio, por un momento, pusiéramos una determinada circunstancia en perspectiva, abandonando por un instante nuestro papel de protagonistas y asumiendo un rol de observador, y nos preguntásemos: ¿qué me está tratando de decir esta experiencia, este dolor, está herida, este malestar? ¿Cuál es el aprendizaje o el mensaje que mi Ser me quiere entregar a través de ella?…te prometo que la respuesta te llegará, pero eso sí, tienes que estar muy despierto/a pues la misma podría llegarte por múltiples vías: a través de un libro, una lección, las palabras de un amigo o un ser querido, o simplemente haciéndote consciente de tu maestro interior.

En tu vida sé como la perla, pero en vez de nácar utiliza el perdón y el poder de tu atención para cicatrizar tus heridas, tornando todo ese dolor en amor y sabiduría. Haz que cada lagrima derramada sirva de pulimento de cada parte de tu ser y te ayuden a transformarte en un verdadero guerrero/a espiritual.

Glenda Travieso

Acerca de Glenda Travieso

Escritora, Coach Neurolingüístico y Motivadora experta en bienestar emocional.

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