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¡Líberate! suelta lo que no te pertenece

Con qué facilidad les otorgamos el control de nuestra vida y de nuestras emociones a otros solo por el hecho de disgustarnos, angustiarnos o sentirnos dolidos a causa de su comportamiento o de sus actitudes. A diario permitimos que el sufrimiento se apodere de nosotros, pues diariamente emprendemos una batalla con la vida, pretendiendo que cada circunstancia y/o persona sea como nosotros lo deseamos y no como realmente es. El problema con esto es que cuando estas cosas no son lo que queremos, sentimos ira, confusión, frustración y hasta podemos llegar a deprimirnos.

¿Cómo salir de este círculo vicioso?

Haciéndote consciente de lo que está y no está bajo tu control y no esperando que el mundo baile a tu ritmo. Tu perspectiva y tus necesidades no siempre están alineadas con la de los demás, y ¿sabes qué? no tienen por qué estarlo. Las otras personas y las circunstancias que la vida pone en tu camino funcionan de forma independiente de ti. En una situación determinada es probable que nunca veas satisfechas tus necesidades y que tu punto de vista ni siquiera sea considerado.¡Líberate! suelta lo que no te pertenece

El tiempo es algo que no podemos comprar. Por lo tanto, no lo malgaste pensando acerca de “cómo deberían” o “cómo no deberían” ser las cosas o actuar las personas. Alguien en una oportunidad me dijo ante esta sugerencia de mi parte: “Cómo hacerlo si los demás insisten en hacer las cosas como no deben”. Ahí es donde radica el error, en creer que los demás están haciendo las cosas de forma equivocada por no actuar como nosotros pensamos que deberían hacerlo. Otro error común es creer que los demás se comportan o hacen algo de una forma determinada con el afán de molestarnos. No seamos tan egocéntricos, la vida de los demás no gira solo en torno a nosotros.

Por ejemplo, si hay algo en tu jefe que no terminas de aceptar, ese algo te va a molestar mañana, la semana entrante y el mes que viene porque tú no lo puedes cambiar. Tus expectativas sobre cómo él debería actuar no se corresponden con las suyas. Además, quien se siente incómodo/a eres tú, no él. Acepta más bien el hecho de que esta relación con tu jefe puede resultar para ti todo un desafío en muchos aspectos, por lo tanto, deja de reaccionar cuando haga lo mismo una y otra vez, y en cambio pregúntate cómo puedes reaccionar de manera diferente ante ese evento, de tal forma que tu estado de ánimo no se venga abajo o te sientas enfadado e inarmónico por tal situación.

¡La clave es soltar, soltar, soltar!

Cada quien tiene el derecho divino de hacer con su vida y con su libre albedrío lo que crea conveniente. Podemos sugerir, pero nunca pretender que los demás compartan nuestro punto de vista.

Quizás pienses que cambiar esta dinámica en tu vida puede resultar difícil, o seguro estarás pensando que no puedes darte este “permiso de soltar” porque qué será de la vida de los que te rodean si tú no les “aconsejas” y les dices lo que deben hacer. Piensa por un instante: ¿qué beneficios te ha traído mantener esta actitud? ¿Cuál ha sido el costo emocional para ti?  Ten presente que el cambio se irá dando a medida que te comprometas con ello. Si decides darle prioridad a esta nueva perspectiva positiva en tu vida, verás cómo la vida se convierte en algo fluido, armonioso y fácil de llevar. Esa sensación de lucha con la que sientes vivir desaparecerá por arte de magia.

Glenda Travieso

Acerca de Glenda Travieso

Escritora, Coach Neurolingüístico y Motivadora experta en bienestar emocional.

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