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Tips para dejar de actuar como “salvador” de los demás

Si usualmente asumes la responsabilidad y pretendes resolver los problemas de otras personas, especialmente: padres, hijos, hermanos, o pareja, muy probablemente sufres “el síndrome del salvador”, una manera insana de relacionarse con los demás, cuyas consecuencias dañinas no sólo te afectarán a ti, sino también al “salvado o víctima ”, aun cuando ambos no detecten inicialmente el perjuicio que les causa.

Los factores que originan esta nefasta manera de vincularse con otras personas, se asocian a: características de personalidad, estilos educativos, exigencias de la sociedad y de las personas con las cuales se relacionan, baja autoestima, búsqueda de aceptación y aprobación, deseo de ser necesitado y de ejercer control.

Este tipo de personas cuya misión es solucionar los problemas ajenos, pueden hacerlo incluso cuando no se solicite su ayuda, gozando de especial habilidad para detectar individuos que sean compatibles con ellos, es decir, que hagan el rol complementario de salvado o víctima y que se muestren receptivos ante  la personalidad “resolutiva” del salvador.

El salvador debe aprender a amar al otro sin necesidad de sentirse responsable de su vida y anularlo e incapacitarlo sin querer. Asimismo, debe amarse más a sí mismo, encontrando un espacio para ocuparse de sus sentimientos y sus necesidades. Sólo conociéndose y enfrentando sus miedos podrá relacionarse con personas disponibles emocionalmente con las que pueda compartir en igualdad de condiciones.

Resolver todos los problemas de nuestros familiares o allegados significa impedirles que desarrollen la confianza en sus propios recursos personales. Esta relación es doblemente tóxica porque ni el salvador ni el salvado o víctima se ocupan de sus necesidades.

Tips para modificar esta conducta

  1. Ocúpate de tu vida. Empieza por ti, deja de querer solucionar la vida de los otros. Responsabilízate de la tuya y enfócate en tus metas y deseos. Disponte a resolver tus problemas, mira tú mundo. Esto no quiere decir, que no vas a apoyar y colaborar con tus allegados, cuando lo necesiten; solo que esto es muy diferente a vivir en función de solucionar y responsabilizarte por las vivencias de otros. No eres un servicio de ambulancia permanente.
  1. Reconoce que tienes una vida propia. Actuar como una heroína o héroe, con el tiempo te producirá un inmenso desgate emocional y físico. La vida es un trabajo y cansa. Recuerda que tú también tienes una vida, responsabilízate de ella.
  1. Examínate. Profundiza en los motivos personales que te llevan a comportarte así, ¿cuál es la razón por la cual necesitas sentirte indispensable?, ¿desde cuándo la experimentas y, cómo se ha manifestado esta conducta a lo largo de tu vida?, ¿en qué oportunidades o períodos te ha resultado beneficiosa? Tomar conciencia del origen o motivo de nuestra actitud es el punto de partida para modificarla. Sé consciente de tus emociones y trabaja tu autoestima ¿Si no te quieres a ti mismo cómo podrán hacerlo los demás?Tips para dejar de actuar como “salvador” de los demás
  1. Renuncia a tu papel de controladora o controlador. Sin lugar a dudas detrás de tu comportamiento, hay un alto grado de necesidad de controlar y ser indispensable, aún a costa de tu propia felicidad y de anular al otro, sin saberlo.
  1. Confía en el otro. El hecho de que las cosas no se hagan exactamente como a ti te gustaría, o cómo crees que tienen que ser, no significa que estén mal hechas. Probablemente eres un experto “solucionador”, pero quizás tus allegados necesiten encontrar su propio camino y equivocarse. El otro las hace a su manera; si no le funcionan y lo requiere te pedirá apoyo. ¡Cuidado con el perfeccionismo!
  1. Sé un poco egoísta. No pienses sólo en ti mismo, pero sí primero. Esto liberará a los demás de tu exceso de atención. Es posible que se resistan a este cambio, ya que los has acostumbrado a actuar como su salvador. Pero tienes derecho a velar por tu bienestar y felicidad. Si la otra persona te exige seguir asumiendo sus responsabilidades, sé asertivo, y firme en tu respuesta: “Es cierto, lo he hecho siempre, pero ahora no puedo. Sin embargo, puedo decirte cómo hacerlo”. Recuerda no eres imprescindible y te sorprenderás lo que pueden hacer los otros cuando los dejas.
  1. Deja de amparar. Necesitas amar al otro sin querer dirigirlo. Si buscas más amor, ámate más. Decide qué quieres hacer para ti.
  1. Busca ayuda. En ocasiones resulta muy difícil romper esta dinámica tan arraigada a uno mismo sin ayuda, en caso de ser así, no dejes de buscar ayuda terapéutica.

Definitivamente todos los excesos son malos y los extremos se juntan. ¡Lo ideal es acercarnos al equilibrio!

Isabel Aoun González

Acerca de Isabel Aoun González

Directora Editorial. Abogada. Asesora Motivacional. Blogger. Apasionada por convicción de la salud física,mental y espiritual. Dedicada a la búsqueda de herramientas que contribuyan con el bienestar integral.

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