Cinco cosas que parecen, pero no son depresión

Si una persona acude a su médico de cabecera quejándose de síntomas de fatiga, culpa, inutilidad, irritabilidad, insomnio, disminución del apetito, pérdida de interés en las actividades habituales, tristeza persistente, ansiedad y quizás hasta pensamientos suicidas, de seguro saldrá de ese consultorio con un diagnóstico de trastorno de depresión severa (TDS) y una prescripción médica que incluiría alguno de los conocidos medicamentos antidepresivos disponibles en el mercado.

Sin embargo, síntomas similares se presentan en otras condiciones médicas, que requieren tratamientos distintos a los antidepresivos y la psicoterapia. Ciertamente, desde afuera pueden verse y sentirse como una depresión clínica, pero quizás solo requieran una pequeña modificación en la dieta o algunos ajustes hormonales. Te presento cinco condiciones que se incluyen en esa categoría.

  1. Deficiencia de vitamina D

Es bastante común que muchos de nosotros presentemos deficiencias de esta vitamina esencial. De hecho, según un estudio del 2009 publicado en la revista Archives of Internal Medicine, casi las tres cuartas partes de los adolescentes y los adultos en los Estados Unidos tienen esta deficiencia. En el 2013, investigadores canadienses realizaron una exhaustiva revisión y análisis de catorce estudios que revelaban una estrecha relación entre los niveles de vitamina D y la depresión. Los investigadores encontraron que los niveles bajos se correspondían con la depresión y con el aumento de las probabilidades de la misma.

La mejor fuente de vitamina D es el sol, pero aquellos con antecedentes familiares de cáncer de piel tienen que consumirla en pequeñas dosis, ya que los protectores solares no le permiten al cuerpo producirla. Los suplementos son fáciles de encontrar, pero asegúrate de que en las etiquetas diga que se han realizado las debidas pruebas. Las puedes tomar en gotas para una mejor absorción.

  1. Hipotiroidismo

Otra condición que fácilmente se confunde con una depresión clínica es el hipotiroidismo. La persona se siente agotada, inútil, irritable e incapaz de tomar una decisión. Si usted ha padecido de esta enfermedad, no se confíe, aunque acuda con regularidad a su médico endocrino o internista para chequear sus niveles de tiroides y hasta ahora estos le hayan salido sin ninguna alteración.

Una de las razones que explica esta aparente incongruencia es que la medicina convencional para diagnosticar la disfunción tiroidea en ocasiones se basa solo en análisis de sangre, los cuales no siempre representan una imagen precisa.

  1. Microadenoma hipofisario

Como lo señalo en mi libro Sanar es una elección esta es una condición médica que se relaciona con la glándula pituitaria o hipófisis y puede producir síntomas idénticos a los de una depresión. La hipófisis es una glándula de nuestro sistema endocrino, del tamaño de una arveja, que está ubicada en la base del cerebro y ayuda a controlar la secreción de hormonas de otras glándulas endocrinas, como la tiroides y las glándulas suprarrenales. Cuando en esta glándula hay un tumor (no te asustes por la palabra, la mayoría de los tumores hipofisarios son benignos) se genera una distorsión tal en nuestro sistema hormonal que podemos presentar trastornos muy parecidos a la depresión, junto con otras señales físicas como: dolor de cabeza, flujo nasal, náuseas y vómitos, problemas con el sentido del olfato, cambios visuales (doble visión, párpados caídos, pérdida del campo visual).

  1. Azúcar baja en la sangre

No es en vano que algunos aconsejan que antes de decir algo desagradable, especialmente a la pareja, verifiquemos si tenemos hambre.

El hambre es una señal primitiva que desencadena una respuesta de estrés en nosotros. Para aquellas personas que tienen alguna predisposición a la ansiedad y a la depresión, ese estrés se manifiesta en forma de cambios de humor. La ansiedad y la depresión se pueden presentar en personas que son muy sensibles a la variación en los niveles de azúcar y puede llegar a convertirse en una condición crónica si la ingesta de alimentos no es consistente.

Las personas que sufren de este efecto yoyo en los niveles de azúcar en la sangre a diario suelen ser resistentes a la insulina, un precursor de la diabetes tipo II. La Revista de Medicina Ortomolecular (Journal of Orthomolecular Medicine) muestra ochenta y dos estudios que relacionan la resistencia a la insulina con la depresión. La buena noticia es que con hacer algunas simples modificaciones a la dieta —disminuir la ingesta de carbohidratos simples, consumir alimentos ricos en proteínas cada pocas horas— los síntomas disminuyen.

  1. Intolerancia a ciertos alimentos

 Ciertos alimentos, al igual que las toxinas del medio ambiente, pueden desencadenar una inflamación en las células el cuerpo, provocando reacciones como ansiedad y tristeza. Según Mark Hyman, M.D, autor del libro The Ultramind Solution, estas reacciones tardías a los alimentos o alérgenos ocultos conducen a “alergias cerebrales”, es decir reacciones alérgicas en el cuerpo que causan inflamación en el cerebro.

Basado en el post original: 6 Conditions That Feel Like Clinical Depression But Aren’t by Therese Borchard

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