La soledad en compañía

¿Existe peor soledad que la que se vive en compañía? En este artículo sabrás si estás pasando por esto y cómo trabajar en ello.

“Ya casi era la hora en que él y yo nos encontrábamos en casa…

Después de una jornada de trabajo muy ocupada, se acercaba la hora en que me sentía más cansada. ¿Cómo podía ser posible que me sintiera así?

Me agotaba saber que llegaría a casa y me encontraría con la persona que hace tiempo fue mi razón para sonreír.

¿Cómo podía ser posible que esa persona hubiera sido mi luz, y ahora no tuviéramos nada de qué hablar entre nosotros?

Mi cansancio era resultado de mi propia indiferencia hacia él y de su indiferencia hacia mi persona. Llegar y ver su auto y pensar: “Ya llegó…” y sentir ése hueco en el estómago, era mucho más difícil que ninguna otra cosa en el día laboral.

La cena en silencio, algunas palabras para intercambiar servicios entre nosotros:

“- ¿Me pasas la sal? ¿No sabes dónde dejé mi libro el que estaba leyendo? ¿Ya se acabó el queso? –

“Recuerdo perfecto que antes de dormir veía la luz encendida del estudio, y su silueta daba hasta la puerta. Él sentado leyendo, evidentemente evitando en lo posible el contacto conmigo; Ese lugar se convirtió en su refugio varias, muchas noches.

Luego cada uno cepillando los dientes en sus lados del lavamanos, sumergidos en nuestros pensamientos y esperando que la noche terminara.”

Si has experimentado algo así, entonces has vivido la soledad en compañía, esa soledad que oprime el pecho cada vez que estás acompañada, surgen nuevas preguntas…

¿Será posible arreglarlo? ¿Dónde se han perdido uno al otro? ¿En qué parte del  camino juntos la vida se convirtió en una rutina aburrida y vacía? ¿Realmente estuvieron enamorados o todo “pasó muy rápido”?

Tienes un miedo terrible de tomar la iniciativa de decir algo que dé una solución definitiva: habrá que arreglar las cosas o arreglar un buen final.

Antes del gran final puede haber una solución.

Recuerda que hace un tiempo todo empezó con miradas profundas entre ustedes y abrazos eternos. ¿Acaso no vale la pena recuperar eso?

He visto muchos casos donde la relación tiene “arreglo”, y otras tantas no tuvieron ni siquiera una esperanza.

Sólo necesito saber dos cosas antes de trabajar con ellas, y hoy mismo te comparto esas dos claves para que tú misma sepas si tu relación puede salvarse:

*Amor

*Paciencia

Sin ambas, no hay relación para salvar. Pues el camino a la “rehabilitación” de tu relación tomará tiempo y un esfuerzo (al inicio) que puede parecer incluso falso. Con el tiempo dejará de transmitir ese sentimiento y eventualmente se convertirá en un hábito para ambos.

Una relación es de dos personas y ambas personas contribuyeron al distanciamiento. Les corresponde a ambos resolverlo juntos.

Por ello es importante que hagan consciencia de que es un trabajo conjunto.

Una vez que han hablado sobre el tema, ahora lo siguiente es buscar una solución que los lleve a un resultado; Esto último puede ser o parecer obvio, pero pensamos poco en el resultado y en el proceso nos podemos perder cuando no funciona la “cura”.

Lo que yo enseño en mi Taller de pareja: “El Tercer Ser” es encontrar una nueva actividad que modifique la rutina que han llevado hasta ahora, una que les agrade a los dos y en la que ambos participen.

Sólo pareja.

Igual que cuando empezaron su relación.

Esta estrategia que enseño, es muy efectiva. Con ella he ayudado a muchas parejas a resolver el distanciamiento.

Hay mucho que trabajar, así que búscame en el directorio de TuEstima y concertamos una cita. Puede ser que el tiempo sea determinante para rescatar lo que has construido. No dejes pasar más tiempo.

¡Abrazo!

Shala Múgica

Fénix Coach

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