La vida continúa

Ciertos hechos en la vida nos hacen sentir  emociones muy fuertes. Y también nos hacen pensar cosas muy drásticas.

Cuando un ser querido parte de este plano podemos sentir que se nos acaba el mundo. Sobre todo, si se trata de un ser amado, un joven o si es una partida inesperada y rápida.

Un profundo vacío se apodera de nosotros. Ideas muy oscuras comienzan a surcar nuestra mente. Es muy fácil caer presa de la depresión e incluso, cuestionarnos si vale la pena seguir viviendo.

En esos momentos es imprescindible no aislarnos. Y la mejor compañía podemos encontrarla a través de la fe.

Si es usted creyente, como yo, abrazarnos a la esperanza de la infinita sabiduría de Dios nos ayuda a sobrellevar la carga de la tristeza o de la culpa. ¿Pero si no se es creyente?

Una amiga mía muy querida y cercana me enseñó a abrazar la fe a través de otras personas. No se trata de rituales mágicos o devociones a falsos gurús o profetas. Se trata de encontrar fortaleza y fe en que la vida nunca te pone pruebas inalcanzables, a través de permitir que el amor de otras personas nos cobije.

En la tristeza hay también mucha soledad. Podemos incluso pedir a gritos que nos dejen a solas, que nos dejen en paz con nuestro dolor. Y aun cuando esa soledad puede ser sanadora a ratos, porque nos permite expresarnos libremente llorando o reflexionando, la compañía de otras personas, el rodearnos de seres que nos aman puede ser lo que nos ayude a superar más rápidamente el dolor.

En algunos momentos muy difíciles me he abierto a ese cobijo y ha sido maravilloso. Incluso me ha reconfortado el llorar acompañada de mi perro, un ser viviente que percibe los sentimientos humanos de una forma extraordinaria.

Recordemos que todos estamos aquí por una razón. Incluso las mascotas. Y no pretendo igualar a una mascota con una persona, mucho menos con Dios. Pero he llegado a comprender que el amor (de Dios para mi) se manifiesta en nuestras vidas de tantas formas, en diversas personas, seres y situaciones, que es hasta tonto querer cerrarse a ello.

Deja fluir tu dolor para que no se convierta en sufrimiento. Reencuentra la confianza y la esperanza de que la vida continuará y te traerá, muchos momentos mágicos, mucha más luz y amor. Aunque ahora todo sea sombra: ten paciencia y fe.

Las nubes se disipan tarde o temprano. La alegría regresa y hacen que los recuerdos ya no sean dolorosos sino dulces.

El mejor testimonio de amor que puedes rendir a un ser querido que ha partido es ser feliz, honrando su memoria viviendo la vida que él o ella hubieran querido para ti. Porque el que nos ama nos quiere felices, saludables, con energía y llenos de proyectos.

Solo ten paciencia. Ábrete al amor. Déjate ayudar. La vida continúa.

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