¿Tus creencias, te liberan o te encarcelan?

Se dice que somos lo que pensamos y lo que creemos… ¡sabia verdad!

Desde el inconsciente atraemos el noventa por ciento de las experiencias que llegan a nuestra vida y eso lo hacemos a través de nuestros pensamientos y creencias. Somos seres creadores, poderosos, desafortunadamente la mayoría de las veces no somos conscientes de tal poder.

Vivimos atrayendo personas, circunstancias y eventos que muchas veces no representan para nada lo que a nivel consciente estamos queriendo y por ende nos quejamos de “nuestra mala suerte” o en el peor de los casos, lo consideramos un castigo de Dios.

Decía Eli Bravo recientemente en uno de sus artículos, que nuestras creencias pueden darnos alas o pueden ser nuestra jaula. ¡Totalmente de acuerdo! A través de ellas evaluamos el mundo y filtramos todo lo que llega a nuestro espacio. Constantemente le ponemos etiquetas a todo ─bueno, malo, feo, bonito, justo, injusto y una chorrera de calificativos más─ lo que hace que muchas veces nos perdamos de conocer personas maravillosas o de vivir grandes experiencias. Es como si viéramos pasar la vida ante nuestros ojos, pero desde la acera de enfrente.

Nos aferramos a lo que hemos aprendido de nuestros padres, de la sociedad y en la escuela. Nos aferramos a nuestras tradiciones, nuestra cultura y a lo que la religión nos ha dicho que es malo o es bueno. Ese apego por ejemplo, se manifiesta cada vez que pretendemos tener la razón en algo, dando por hecho que los otros están equivocados.

Todos estos elementos junto con nuestras experiencias pasadas van moldeando nuestra mente y dirigen nuestros pensamientos, nuestras creencias y lo más importante, nuestras decisiones de vida.

En lo que a mi concierne, superar la depresión fue darme cuenta de los patrones de pensamiento que me mantenían presa en una jaula de emociones toxicas recordando con dolor y sintiéndome culpable por un pasado que ya no podía cambiar, que simplemente me tocaba aceptar, rescatar el aprendizaje que me había dejado y continuar.

Porque nos cuesta tanto identificar nuestras creencias, pero sobre todo porque nos cuesta tanto desapegarnos de ellas. Nos aferramos a estas porque nos dan seguridad, por eso somos incapaces de cuestionarlas. Son como nuestro GPS, nos ayudan a recorrer el mundo. El asunto es que ese GPS hay que actualizarlo de vez en cuando o cambiarle la configuración según sea el territorio que voy a recorrer. No puedo explorar un país con la misma configuración que uso para transitar por otro y cada cierto tiempo debo actualizar el software, de lo contrario corro el riesgo de perderme en el camino. Pero nos quedamos pegados como chicle a nuestras creencias porque aceptar algo nuevo, diferente, implicaría cambiar y el cambio nos genera temor porque significaría abandonar la seguridad a la que estamos acostumbrados, aunque esta nos haga inmensamente infelices.

Sin embargo las creencias son solo una ilusión, una forma de pensamiento. No son buenas ni malas, solo nos han resultado útiles en algunas etapas de nuestra vida. Por lo tanto si nos atreviésemos a reconocerlas y a desafiarlas, nos liberaríamos de las ataduras que nos aprisionan e impiden que nuestro verdadero Ser se manifieste a plenitud.

Sin el apego a nuestras creencias, nos atreveríamos a explorar nuevos territorios tanto físicos como emocionales, a experimentar nuevas facetas en nuestra vida, a aceptar y amar a las personas y a las circunstancias tal como son, sin cuestionarlas tanto ni esperar tanto de ellas. Al reconocer esas creencias que te limitan expandiendo tu nivel de conciencia, les quitas el poder que han ejercido sobre ti durante mucho tiempo, ahorrándote toda la tensión emocional que supone el aferrarte a ellas, permitiendo con ello que tu vida se expanda y que tus sueños se materialicen.

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