Los recientes sucesos que involucran a personajes mediáticos como Bourdain, Spade, Avicii entre otros, han puesto en el tope de las conversaciones de muchos el tema del suicidio. Un tema incómodo, profundamente entristecedor pero sobre el cual en mi opinión, podemos hacer mucho más colectivamente.

En primer lugar, me sorprendió conocer la estadística de que, al menos en los Estados Unidos, el suicidio en los últimos 5 años, ha crecido más rápidamente en porcentaje comparado con el homicidio. Sin embargo, llama la atención que los presupuestos públicos dediquen mucho más a manejar el sistema policial, las cárceles y demás servicios públicos relacionados, en lugar de dedicar igual o mayor cantidad de recursos a la prevención del suicidio. Esto es importante tomarlo en cuenta, para hacerlo notar y exigir respuesta a nuestros gobernantes.

Por otro lado, reconforta saber que existe muchísima investigación y evidencia, aportada por sociólogos y psicólogos, que apuntan a ofrecer algunas ideas sencillas y efectivas para prevenir y reducir el suicidio. Acciones que podemos tomar en nuestros entornos inmediatos y que pueden contribuir a iniciar un cambio social, que incorpore posteriormente a las instituciones.

Aquí las ideas:

  1. Desarrollar la resiliencia y reforzar la gratitud.

Una investigación de la Universidad George Mason destaca que, el valor para enfrentarnos y recuperarnos de las dificultades combinados con el agradecimiento por la vida y sus aspectos positivos contribuye a reducir los pensamientos suicidas, incluso en personas con depresión clínica diagnosticada. Escribir diariamente 3 cosas por las cuales se está agradecido es un sencillo ejercicio para fortalecer la gratitud. Para la resiliencia hasta ahora, no existe una única terapia o ejercicio efectivo y por ende, deben combinarse varias técnicas, como el mindfulness, terapias cognitivas, reflexiones compartidas en grupos de apoyo o dentro de la familia.

  1. Altruismo o Servir a otros.

Muchas personas con baja autoestima pueden pensar en quitarse la vida. Especialmente en etapas de cambio importante, como la adolescencia o tras una pérdida o duelo. Incluso estos pensamientos autodestructivos pueden desembocar en acciones “de lento progreso” como las adicciones al alcohol y otras sustancias. Precisamente del estudio de personas alcoholizadas en recuperación reseñado en el libro “Los secretos escondidos tras la ayuda” (Hidden secrets of helping) de E. Post, se concluye que cuando las personas en riesgo se involucran en actividades de ayuda a personas en su misma condición, la vida adquiere mayor significado para ellos y se reducen los pensamientos suicidas. Esto puede ser particularmente valioso para nosotros los padres de adolescentes, como un mecanismo de prevención. Involucrando a nuestros hijos en actividades de voluntariado, donde nosotros participemos con ellos y que ayuden a otros adolescentes en necesidad.

Otras investigaciones incluyen conductas como el perdón y emociones como  la apreciación por la naturaleza o asombro (awe en inglés) como mecanismo para reducir pensamientos suicidas.

En general al preparar este artículo, pude encontrar que los investigadores de la conducta humana  están cada vez más convencidos de que propiciar emociones positivas, puede ayudar a prevenir y quizás, detener la epidemia de suicidios actual. Es un desafío colectivo que vale la pena tomar.

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